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28 de enero
Comunicar vino no es opcional

A raíz de la quinta edición de WineCom, una cosa queda clara: la comunicación y el vino no solo se llevan bien, se necesitan con urgencia. No como un adorno, ni como un último paso cuando todo lo demás está hecho. Se necesitan desde el principio. Desde la viña. Desde la idea. Desde la intención.

Porque comunicar vino no es contar cosas bonitas. Es tomar decisiones. Y hacerlo con criterio.

Durante esta edición hemos vuelto a confirmar algo que en el sector todavía cuesta asumir del todo: la comunicación no es trivial. No es improvisación, ni ocurrencia, ni “ya lo contamos luego”. Es estrategia y es mucha, muchísima intención. Por eso es tan necesario seguir formando profesionales especializados. No vale saber un poco de todo. Hace falta oficio. Y respeto por la disciplina.

La comunicación funciona muchas veces como esa gota de aceite que se cuela sin hacer ruido, pero que lo impregna todo. Está en cómo hablas, en cómo eliges, en cómo posicionas… incluso en cómo callas. Y aquí viene otra evidencia: el vino es profundamente comunicable. Tiene relato, contexto, emoción, verdad. Si no se comunica bien, no es porque no tenga nada que contar, sino porque no se ha sabido contar.

En WineCom lo hemos visto desde distintos ángulos. Desde la diferenciación, con Eva Bernabé y Eduardo Ramos, quedó claro que no se trata de compararse ni de oponerse a la vecina, sino de entender bien quién eres, qué haces mejor y construir desde ahí. Sin disfraces. Sin fuegos artificiales. Sin miedo a hacerlo con toda la verdad a bocajarro.

En el bloque dedicado al precio, Javier Egaña y Xavier Oliver nos recordaron algo que a veces incomoda: el precio también comunica. Y mucho. Posiciona, define, coloca tu vino en un lugar concreto de la cabeza, y del bolsillo, del consumidor. Pensar que el precio es solo una cifra es no entender nada del juego.

Y luego está la prescripción, ese terreno donde se cruzan la influencia y la credibilidad. Aquí entraron en conversación perfiles clave como Elizabeth Gabay, Inés Salpico, María José Huertas, Frédéric Gaultier y David Martín. Periodismo especializado, sumillería, concursos, formación. Distintos frentes, una misma conclusión: sin credibilidad no hay prescripción que aguante. Puedes tener medallas, premios, reconocimientos… pero si no lo cuentas bien, si no eliges los canales adecuados, si no hay coherencia, se queda en ruido. Y el ruido es tan perturbador...

También quedó claro algo que a veces olvidamos entre tanto dato: somos racionales, sí, pero también emocionales. La comunicación técnica es necesaria. La emocional, imprescindible. No compiten. Se equilibran. Todos tenemos corazoncito, incluso cuando hablamos de fichas técnicas. ¡No diseccionemos al vino como a una rana en un laboratorio!

Y en medio de todo esto, una pregunta incómoda que sobrevoló varias conversaciones y que hace mucho de la que no oigo a hablar en ningún foro: ¿qué pasa con la ética profesional? En un contexto saturado de información, a veces parece que se ha quedado en las aulas, en los apuntes. Y no. La comunicación debe ser informada, formada, libre y honesta. Si no, deja de ser comunicación y pasa a ser otra cosa. Lo que sea, pero otra cosa.

A nivel personal, conducir y presentar WineCom ha sido un auténtico placer. Lo viví, con toda la consciencia del reto y con todo el respeto: estaba en las aulas que me formaron y en uno de los eventos que más valoro del panorama vitivinícola. Mucho aprendizaje, muchas ideas y una satisfacción especial al ver a los alumnos y alumnas en la sala, escuchando, preguntando, tomando nota. Ojalá dentro de no mucho nos crucemos al otro lado, ya en el ámbito profesional. Sería una gran señal.

Y, por supuesto, qué gusto compartir este camino con ponentes de este nivel, que no solo saben, sino que saben contar y compartir lo que saben. Eso también es comunicar bien.

WineCom vuelve a recordarnos algo esencial: el vino no se vende solo. Se explica, se defiende, se posiciona. Y se comunica. Siempre. ¡Viva el vino! ¡Y viva la comunicación, ¿qué co...?!

NO TE CORTES, ¡LLÁMAME!

Respondo en cuanto puedo.